Esa noche cayeron 400mm en cuatro horas sobre La Plata. Mis clientes particulares cobraron sus siniestros. Las empresas de la zona, en su mayoría, no. La diferencia no fue la suerte — fue una conversación que nunca había ocurrido.
El miércoles 3 de abril, el agua había bajado. Estaba en la oficina recibiendo personas. Llegaban una tras otra — con el corazón destrozado y en shock por lo que habían vivido. Las noticias corrían más rápido que el agua yéndose.
En los días que siguieron viví algo que nunca olvidé: el contraste entre mis clientes, que sabían exactamente con qué podían contar, y los dueños de empresas de la zona que llegaban a preguntar qué hacer — sin seguro, o con uno que no cubría lo que necesitaban.
Lo primero que entendí fue que atender no era suficiente. Había que escuchar. Contener. Antes de hablar de pólizas, de coberturas, de plazos — había que estar presente para personas que en muchos casos habían perdido todo lo que construyeron en años.
Al día siguiente empecé a sistematizar. Los siniestros llegaban a montones. Casas destruidas. Autos arrastrados por la corriente, con pérdidas totales. Negocios vacíos de mercadería y llenos de personas desgarradas. La parálisis era casi total. Los números y las historias se propagaban por los medios, pero la realidad la teníamos cara a cara.
Lloramos las pérdidas humanas que fueron muchas. Pero nos compenetramos en que las pérdidas económicas no potenciaran aún más el dolor.
Me propuse poner lo humano en primer plano y comportarme como un profesional. Los días se volvieron elásticos. Las horas de trabajo se multiplicaron. El orden para administrar tantos siniestros simultáneos fue lo que permitió que todo funcionara.
Fotos propias — días posteriores a la inundación del 2 de abril de 2013, La Plata
Conocer a fondo las coberturas fue lo que marcó la diferencia. Pudimos explicar qué cubría cada póliza, qué no estaba contemplado, hacer valuaciones correctas y asegurar un resarcimiento completo. Pero no todos partían del mismo punto.
Lo que me marcó no fue el agua. Fue el contraste. Mis clientes particulares con sus familias pudiendo avanzar, sabiendo exactamente con qué contaban. Y a pocos metros, dueños de empresas que habían construido años de trabajo sin la cobertura que hubiera cambiado todo.
La herramienta existía. El seguro Todo Riesgo Operativo con el sublímite de inundación contratado hubiera cubierto mercaderías, equipos electrónicos y bienes de uso. No es un seguro genérico — es una cobertura diseñada específicamente para la realidad de una empresa o comercio. Pero hay que conocerla, pedirla y dimensionarla antes de que pase algo.
Desde esa noche, cuando asesoro a una empresa le pregunto siempre: ¿estás en zona de riesgo hídrico? ¿Tenés el sublímite contratado? ¿Sabés exactamente qué perdés y qué cobrás si mañana entra agua? Esas preguntas incomodan. Pero no tanto como descubrir las respuestas cuando el agua ya está adentro.
La herramienta para proteger una empresa existía. El seguro Todo Riesgo Operativo con cobertura de inundación. El problema no fue el mercado asegurador — fue que nadie se había sentado a explicarlo antes.
La Plata 2013. Bahía Blanca 2025. Tucumán 2026: 200mm en 48 horas, más de 15.000 evacuados, emergencia económica declarada. Las inundaciones no son eventos del pasado — son parte del presente de cualquier empresa argentina con exposición hídrica.
La pregunta no es si puede pasar. Es si tu empresa tiene el seguro correcto — con las coberturas correctas — antes de que pase.
¿Sabés exactamente qué cubre tu póliza y qué no?
Si no podés responder eso con seguridad, vale la pena revisarlo. Una conversación, sin compromiso, para que entiendas exactamente con qué podés contar.